En el post de la semana, en Cisnet2010 queremos hacernos eco de un artículo escrito por Itel sobre higienización profesional que consideramos muy interesante.

Este artículo se basa principalmente en destacar que una correcta higienización profesional puede reducir entre un 80 y un 99% la proliferación de virus en instalaciones.

La contaminación de un sólo pomo de puerta con virus, puede expandirse rápidamente por el interior de edificios de oficinas, hoteles o centros de salud. Un estudio realizado en la Universidad de Arizona (EEUU) mostró que en un intervalo de 2 a 4 horas el virus puede ser detectado en el 40 a 60% de los trabajadores o visitantes de las instalaciones y en los objetos que se tocan habitualmente.

Con el uso de virus como trazadores, investigadores de la Universidad de Arizona determinaron la velocidad con la que estos microorganismos pueden contaminar los edificios. A partir de una o dos superficies de manipulación habitual, los virus pueden, en tan sólo 2 a 4 horas, contaminar entre el 40 y el 60% de superficies en las que se pueden retener y transmitir organismos infecciosos, como interruptores, botones o teléfonos.

Tocar superficies u objetos contaminados con virus y posteriormente poner los dedos en la boca es una fuente muy común de infección, por ejemplo en el caso de los norovirus, la causa más habitual de gastroenteritis en EEUU, así como infecciones urinarias.

Charles Gerba, investigador que presentó dicho estudio en la 54ª Conferencia sobre Agentes Antimicrobianos y Quimioterapia (ICAAC), afirma que ante la rápida expansión de los virus en los espacios concurridos, una correcta higiene puede representar una solución simple, de ahí la importancia de una buena higienización profesional.

El uso de toallitas desinfectantes, agua ionizada, líquido o concentrado que contengan compuestos de amonio cuaternario, (potentes agentes desinfectantes bactericidas, fungicidas y virucidas), junto con una correcta higiene de manos, reduce la expansión de estos microorganismos entre un 80 y un 99%.

En el estudio, Gerba utilizó el bacteriófago MS-2 como sustituto para el norovirus humano, ya que es similar en forma, tamaño y resistencia a los desinfectantes. El fago se colocó en una o dos superficies de contacto común (pomo de la puerta y superficie de la mesa) a primera hora de la mañana en edificios de oficinas, salas de conferencias y un centro de atención médica.

Transcurridos varios períodos de tiempo (entre 2 y 8 horas) se muestrearon entre 60 y 100 fomites (sustancia u objeto en el que los microorganismos pueden quedar retenidos y a través del cual se transmiten), como interruptores, barandillas de las camas, mesas, pulsadores, asas de cafeteras, grifos, pomos, teléfonos o equipos informáticos. En un período de 2 a 4 horas, se vió que entre el 40% y el 60% de los fomites muestreados estaban contaminados con el virus.

Para comprobar el impacto de una correcta higiene sobre la dispersión de los virus, el personal de limpieza y los empleados fueron provistos de toallitas desinfectantes a base de agua ionizada o de compuestos de amonio cuarternario, que debían utilizar, por lo menos, una vez al día. El número de fomites en los que se detectaron los virus se redujo en un 80% y la concentración de virus se redujo en un 99%.

Según Gerba, “los resultados muestran que la contaminación viral de los fomites en las instalaciones se produce rápidamente, y que una simple intervención dentro de los protocolos de higiene puede ayudar en gran medida a reducir la exposición a los virus “.